Al lado de Ponferrada se encuentra este pequeño pueblo, Molinaseca (http://www.molinaseca.org/) bañado por el rio Meruelo, salvado por un precioso puente medieval donde los peregrinos (y los que no lo son…) se pueden dar un baño refrescante. Alrededor de este tienen varios restaurantes de amplios menús.
La calle que atraviesa el bonito pueblo es la Real.
Aparece flanqueada por varias casas señoriales blasonadas, construidas en adobe y mampostería.
Tiene una pequeña plaza mayor donde se encuentra el ayuntamiento.
De igual forma esta la iglesia de San Nicolás, con unas vistas desde lo alto del pueblo y la más conocida, el santuario de las angustias del siglo XVIII.
El 17 de agosto, se celebra la fiesta del Agua.
El encharcado escenario se completa con una batalla acuática entre habitantes, peregrinos y turistas, con calderos como única arma y en la que, como es normal, nadie sale seco.
Sus balconadas, la mayoría de color verde, llenas de flores son una preciosidad.
Durante el camino hacia Castrillo de Polvazares, llegue a la Cruz de Ferro (http://es.wikipedia.org/wiki/Cruz_de_Ferro), situada un poco antes de Foncebadon, pueblo casi deshabitado.
Tenemos una cruz que se alza sobre un alto palo hincado sobre un montón de piedras (y más cosas). Es una costumbre de peregrinación llevar una piedra desde el sitio de partida y al dejarla en este montículo, una pena también dejamos.
Un poco más adelante tengo otra sorpresa en este camino.
Llego al pueblo derruido de Manjarin y aparece al lado de la carretera un refugio de peregrinos.
Un tal Tomás, que declara solemnemente ser el último soldado templario de España. Es el dueño de este sitio tan especial.
Da cobijo y botellas de agua fría a cambio de la voluntad y tiene allí su casa. He leído algo sobre esto. Fue un empresario que hizo el camino de Santiago y decidió hacer este albergue para ayudar a los peregrinos. Cada día realiza una oración templaría, con atuendos propios de la edad media y espada en mano. Alucinante e imperdonable hacer lo posible por no perdérselo.
Desde luego es digno de elogio. Todo un paraíso para los peregrinos.
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